miércoles, 21 de mayo de 2008

Un merecido homenaje

El haz de luz que penetraba a través del gran ventanal del salón refulgió sobre las lágrimas del homenajeado en cuyo pecho, trémulo por la emoción y el asma, uno de los directivos del Casino de Gracielas acababa de prender la medalla que le distinguía como Ciudadano Fetén 2007 con distintivo berenjena. Sócrates Martínez pugnaba con el llanto incontenible. “No lo merezco”, decía. “Gracielas, hermosa ciudad a la que Dios quiso engalanar con las violetas sombras del atardecer cernidas sobre sus añosos muros y con un mar bravío de intenso azul que, en sus olas ribeteadas de blanco encaje, besa su suelo con la delectación con la que un enamorado deposita un ósculo en la mejilla virginal de la preferida de su corazón”, ensalzaba este príncipe de la sabiduría, este coloso enciclopédico, este atlas del ingenio, este cíclope filantrópico.
Sócrates Martínez era tenido entre su grupo de amistades por un portento de nuestro tiempo aunque, a decir verdad, su mayor proeza intelectual había que cifrarla en la lectura (ininterrumpida) de las dieciocho primeras páginas de Guerra y Paz, hazaña que fue objeto de la admiración pública cuando trascendió que el libro carecía de ilustraciones.
No era Martínez, sin embargo, el único prohombre atenazado por la emoción aquella tarde, la misma tarde que los anales de Gracielas glosarían para la instrucción de las generaciones venideras. Cipriano Churchill-Gómez, promotor del homenaje, sorbíase los mocos en un discreto emplazamiento que le ocultaba de la curiosidad de los asistentes al acto. Amigo íntimo de aquella gloria local a la que tan cumplidamente se agasajaba, Churchill-Gómez era también hombre de brillo (inextinguible) en aquella ciudad que celebraba la dicha de contar entre sus hijos con aquel talento, el mayor experto en Tolstói que alumbrara jamás Gracielas.
Churchill-Gómez era un reputado líder político, frecuentador de tertulias, columnista de prensa, hermano mayor de una cofradía de intrincado nombre, jinete a lomos de una yegua en el recinto ferial durante la celebración de las fiestas patronales, referente y faro de Gracielas…Sin saber cómo, y en ausencia de otras capacidades conocidas, Churchill-Gómez se hizo político y hombre providencial.
Martínez y Churchill-Gómez eran uña y carne, por lo que a nadie extrañó que el conspicuo político gracielense empeñara sus sacrificios y haberes en la organización del merecidísimo homenaje que se brindaba a aquel gigante local de las letras. Por idénticas razones, todos tomaron como cosa natural y digna de alabanza que al año siguiente fuera Martínez, quien asumiera la ardua labor de promover un homenaje a la figura de Celedonio Cifuentes, del ramo de la construcción y poeta, además de presidente del Círculo Mercantil, por su intachable trayectoria y su condición de valedor (incansable) de su patria chica. A partir de aquí, la máquina ya no se detuvo.
Celedonio Cifuentes propuso y logró el Ciudadano Fetén 2009 con distintivo berenjena para su fidelísimo amigo Lenin Gutiérrez, significado sindicalista, defensor de los valores gracielenses y abogado (insobornable) de causas perdidas. Más tarde, Gutiérrez acabaría viendo recompensados sus desvelos con la concesión a su compadre Fulgencio Anales, cronista oficial de Gracielas y carne de la carne de aquel apóstol de los trabajadores, del premio que ya ustedes podrán imaginar en su edición de 2010…El círculo se cerró cuando, al año siguiente, Anales, en un gesto de solidaridad munificente y afecto sincerísimo, logró para Churchill-Gómez aquel galardón que lucía con distintivo berenjena.
No es de extrañar que, inmediatamente después, fuera Churchill-Gómez quien reclamara públicamente la concesión del premio Gracielense de Rancia Estirpe a Don Sócrates Martínez, quien, en el momento de recibir la condecoración de manos del concejal de Alumbrado apenas si pudo musitar: “No lo merezco, por Dios, no lo merezco”. Don Cipriano, Don Celedonio, Don Lenin y Don Fulgencio aplauden conmovidos tan admirable alarde de modestia.

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